sábado, 26 de febrero de 2011

Odio puro, oscuro y latente, como el corazón del infierno

A pesar del título, esta entrada no será un poema o una confesión de lo que yo siento cuando odio a alguien, o lo mal que me siento cuando veo a la persona que odio, no. Solo quiero hablar sobre el odio y la opinión que tengo sobre este sentimiento.
Para muchos el odio es todo lo contrario al amor, una animadversión muy fuerte hacia algo o alguien. No sé yo si será el sentimiento opuesto al amor, que ese ya sería otro tema a tratar, pero me interesa más analizar la segunda definición.
Mucha gente habla de las cosas que odia como quien habla del tiempo. No es tan sencillo el odio como detestar cuando alguien deja la tapa de váter levantada o cuando pides algo en restaurante y te traen lo que no es o está frío. El odio más puro es un sentimiento animal, irracional y que hace ser muy impulsivo y ciega tu mente. Nadie puede opinar sobre el odio de otra persona puesto que, al igual que el amor, cada persona lo siente de una forma distinta a las demás, incluso se siente de distinta manera hacia cada una de las cosas o personas que se odien.
El odio es un sentimiento muy fuerte al igual que lo puede ser el amor, por ello que se los compare tanto pero, en mi opinión, el odio y el amor son cosas que caminan paralelamente en esta existencia. Tienen cosas en común pero, al fin y al cabo, son sentimientos muy distintos. Más que opuestos, diría que podrían asemejarse a una pareja de hermanos. Son parecidos, se han criado en el mismo seno pero, en cambio, son muy distintos.
La gente suele decir que el odio es malo porque nubla tus sentidos. En cambio no dicen lo mismo del amor, que los ciega aún más puesto que, mientras que el odio te hace despreciar a alguien o a algo con todas tus fuerzas, despertando en ti el instinto creativo, el amor solo te hace ser feliz a la vez que te priva de toda objetividad. Vale sí, la felicidad lo es todo en la vida, eso si que no lo discuto pero, aunque el odio produzca cierta infelicidad, el cumplir con los objetivos de tu odio te produce un enorme subidón de felicidad que, ciertamente, es muy difícil de igualar.
Escribo sobre esto no porque yo haya odiado a mucha gente o muchas veces, de hecho es más bien al revés, soy una persona que no suele odiar no porque piense que el odio sea malo, como mencioné anteriormente, sino porque simplemente no me gusta una vida en la que tenga que prestar atención y gastar parte de mi tiempo en cosas que no me gustan. No obstante, pienso que el odio, en ciertas dosis y de ciertas formas, puede ayudarnos a sentirnos mejor y a ser mejores personas, aunque parezca mentira.

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