Ya estoy cansado de ser así, ya no quiero seguir dependiendo tanto de la gente, me gustaría que la cosa cambiase por una vez y que sea la gente la que dependa de mi. No pido dependencia absoluta, no pido que no puedan vivir sin mi, solo quiero que me quieran un poquito más, que me quieran cerca, que reclamen mi presencia, que piensen en mi cuando no estoy y que me echen de menos.
Estoy cansado de ser siempre yo el que toma la iniciativa, quiero desengancharme, lo necesito.
Afortunadamente, las personas a veces hacen "cosas", que ayudan a ser más independiente y dejar eso atrás, y ya lo estoy consiguiendo.
A la Sombra del Manzano
jueves, 20 de octubre de 2011
miércoles, 2 de marzo de 2011
El por qué del título del blog
Tal vez debería haber escrito esta entrada justo después de publicar la primera, donde presentaba el blog o simplemente incluir esta información en esa primera entrada, pero en realidad me da igual. En ese momento no me entró la necesidad de explicar por qué de este nombre para mi blog, "A la Sombra del Manzano". En realidad es muy sencillo y no tiene nada de ciencia, no es un título profundo ni con doble sentido, ni tan siquiera da que pensar, simplemente me gustan las manzanas y me gusta tumbarme a la sombra de un árbol a pensar o a pasar el rato, aunque casi nunca tenga oportunidad de hacerlo.
De hecho, creo que nunca me he tumbado a la sombra de un manzano... Ya sé que solo es el nombre de un blog, pero creo que debería hacerlo al menos para que quede constancia de ello. La próxima vez que vea un manzano me tumbaré a su sobra, aunque sea de noche.
De hecho, creo que nunca me he tumbado a la sombra de un manzano... Ya sé que solo es el nombre de un blog, pero creo que debería hacerlo al menos para que quede constancia de ello. La próxima vez que vea un manzano me tumbaré a su sobra, aunque sea de noche.
sábado, 26 de febrero de 2011
Fuera de mi vida
Te quiero fuera de mi vida, no verte nunca más y jamás saber de ti. No he pasado buenos momentos a tu lado ni nada que se le parezca así que... vete.
El suicidio
Últimamente he estado pensado en el suicidio. No sé por qué, pero me atrae de una forma inusitada que no entiendo de ninguna manera pero es así, me siento atraído por esa idea del autoasesinamiento. No digo que quiera suicidarme, no tengo la necesidad de hacerlo, me gusta mi vida y no podría renuncia a ella, a parte del miedo que le tengo a la muerte. No temo a morir, que es bien distinto, sino que temo a la propia muerte, al qué habrá después, temo al desconocimiento, a un desconocimiento tan grande como es el no saber que ocurrirá después de que nuestros cuerpos mueran. ¿Vamos a algún tipo de cielo o infierno como dicen muchas religiones? ¿Nos reencarnamos? ¿Nos desprendemos de nuestros cuerpos y vagamos por el mundo de las almas? ¿Realmente existe el alma? Son preguntas que me hago a menudo porque yo no sé si al morir estas cuestiones me serán resueltas o si simplemente dejaremos de existir, en cuyo caso me quedaré sin saber la verdad de la existencia o la verdad de mi existencia. No sabré siquiera que he dejado de existir.
Es por eso que me atrae la idea del suicidio, porque es el camino más corto hacia el campo menos conocido de la humanidad, y eso me inspira, de algún modo.
De todos modos, si algún día tuviese que suicidarme, lo haría cortándome las venas aunque, conociéndome, no creo que tenga valor para hacerlo. No solo por mi miedo a la muerte, sino por otro de mis miedos, el temor al dolor. No soy excesivamente sensible al dolor, solo tengo un poco de miedo. Pero me encantaría poder cortarme las venas y sentir la sangre salir de ellas poco a poco, llevándose con ella todas mis preocupaciones, todos mis problemas y todas mi responsabilidades. Me encantaría experimentar esa sensación de bien estar, una experiencia cercana a a la muerte tal vez pero sin morir, calro.
Es por eso que me atrae la idea del suicidio, porque es el camino más corto hacia el campo menos conocido de la humanidad, y eso me inspira, de algún modo.
De todos modos, si algún día tuviese que suicidarme, lo haría cortándome las venas aunque, conociéndome, no creo que tenga valor para hacerlo. No solo por mi miedo a la muerte, sino por otro de mis miedos, el temor al dolor. No soy excesivamente sensible al dolor, solo tengo un poco de miedo. Pero me encantaría poder cortarme las venas y sentir la sangre salir de ellas poco a poco, llevándose con ella todas mis preocupaciones, todos mis problemas y todas mi responsabilidades. Me encantaría experimentar esa sensación de bien estar, una experiencia cercana a a la muerte tal vez pero sin morir, calro.
Odio puro, oscuro y latente, como el corazón del infierno
A pesar del título, esta entrada no será un poema o una confesión de lo que yo siento cuando odio a alguien, o lo mal que me siento cuando veo a la persona que odio, no. Solo quiero hablar sobre el odio y la opinión que tengo sobre este sentimiento.
Para muchos el odio es todo lo contrario al amor, una animadversión muy fuerte hacia algo o alguien. No sé yo si será el sentimiento opuesto al amor, que ese ya sería otro tema a tratar, pero me interesa más analizar la segunda definición.
Mucha gente habla de las cosas que odia como quien habla del tiempo. No es tan sencillo el odio como detestar cuando alguien deja la tapa de váter levantada o cuando pides algo en restaurante y te traen lo que no es o está frío. El odio más puro es un sentimiento animal, irracional y que hace ser muy impulsivo y ciega tu mente. Nadie puede opinar sobre el odio de otra persona puesto que, al igual que el amor, cada persona lo siente de una forma distinta a las demás, incluso se siente de distinta manera hacia cada una de las cosas o personas que se odien.
El odio es un sentimiento muy fuerte al igual que lo puede ser el amor, por ello que se los compare tanto pero, en mi opinión, el odio y el amor son cosas que caminan paralelamente en esta existencia. Tienen cosas en común pero, al fin y al cabo, son sentimientos muy distintos. Más que opuestos, diría que podrían asemejarse a una pareja de hermanos. Son parecidos, se han criado en el mismo seno pero, en cambio, son muy distintos.
La gente suele decir que el odio es malo porque nubla tus sentidos. En cambio no dicen lo mismo del amor, que los ciega aún más puesto que, mientras que el odio te hace despreciar a alguien o a algo con todas tus fuerzas, despertando en ti el instinto creativo, el amor solo te hace ser feliz a la vez que te priva de toda objetividad. Vale sí, la felicidad lo es todo en la vida, eso si que no lo discuto pero, aunque el odio produzca cierta infelicidad, el cumplir con los objetivos de tu odio te produce un enorme subidón de felicidad que, ciertamente, es muy difícil de igualar.
Escribo sobre esto no porque yo haya odiado a mucha gente o muchas veces, de hecho es más bien al revés, soy una persona que no suele odiar no porque piense que el odio sea malo, como mencioné anteriormente, sino porque simplemente no me gusta una vida en la que tenga que prestar atención y gastar parte de mi tiempo en cosas que no me gustan. No obstante, pienso que el odio, en ciertas dosis y de ciertas formas, puede ayudarnos a sentirnos mejor y a ser mejores personas, aunque parezca mentira.
Para muchos el odio es todo lo contrario al amor, una animadversión muy fuerte hacia algo o alguien. No sé yo si será el sentimiento opuesto al amor, que ese ya sería otro tema a tratar, pero me interesa más analizar la segunda definición.
Mucha gente habla de las cosas que odia como quien habla del tiempo. No es tan sencillo el odio como detestar cuando alguien deja la tapa de váter levantada o cuando pides algo en restaurante y te traen lo que no es o está frío. El odio más puro es un sentimiento animal, irracional y que hace ser muy impulsivo y ciega tu mente. Nadie puede opinar sobre el odio de otra persona puesto que, al igual que el amor, cada persona lo siente de una forma distinta a las demás, incluso se siente de distinta manera hacia cada una de las cosas o personas que se odien.
El odio es un sentimiento muy fuerte al igual que lo puede ser el amor, por ello que se los compare tanto pero, en mi opinión, el odio y el amor son cosas que caminan paralelamente en esta existencia. Tienen cosas en común pero, al fin y al cabo, son sentimientos muy distintos. Más que opuestos, diría que podrían asemejarse a una pareja de hermanos. Son parecidos, se han criado en el mismo seno pero, en cambio, son muy distintos.
La gente suele decir que el odio es malo porque nubla tus sentidos. En cambio no dicen lo mismo del amor, que los ciega aún más puesto que, mientras que el odio te hace despreciar a alguien o a algo con todas tus fuerzas, despertando en ti el instinto creativo, el amor solo te hace ser feliz a la vez que te priva de toda objetividad. Vale sí, la felicidad lo es todo en la vida, eso si que no lo discuto pero, aunque el odio produzca cierta infelicidad, el cumplir con los objetivos de tu odio te produce un enorme subidón de felicidad que, ciertamente, es muy difícil de igualar.
Escribo sobre esto no porque yo haya odiado a mucha gente o muchas veces, de hecho es más bien al revés, soy una persona que no suele odiar no porque piense que el odio sea malo, como mencioné anteriormente, sino porque simplemente no me gusta una vida en la que tenga que prestar atención y gastar parte de mi tiempo en cosas que no me gustan. No obstante, pienso que el odio, en ciertas dosis y de ciertas formas, puede ayudarnos a sentirnos mejor y a ser mejores personas, aunque parezca mentira.
jueves, 24 de febrero de 2011
La rutina de la rutina
Cada día al despertar me paro a pensar "vaya, otra vez levantándome temprano". Siempre lo pienso y siempre, al cabo de unos segundos intento apartar ese pensamiento de mi mente, pues me deprime bastante. En realidad a todos nos deprime, de una forma u otra, la rutina del día a día, levantarse temprano, vestirse lentamente, asearse con pesadez en el cuerpo y en el alma, desayunar escuetamente (para el que desayune) y salir rápidamente para el trabajo o centro de estudios. A mi lo que más me deprime de todo esto es que mi vida ha sido siempre muy contemplativa, muy lenta y pausada, sin altibajos ni contratiempos, sin grandes cambios. El problema viene ahora, cuando las viejas rutinas van desapareciendo poco a poco, cuando lo único que quería era volver a una rutina que echaba de menos pero que al final se ha tornado en una espiral de inciertos pasos ,no en una oscuridad abrumadora sino, en una luz cegadora.
Lo cierto es que en el fondo a todos nos gustan las rutinas. Las malas no, obviamente, pero aunque sea una rutina que no se salga mucho de la normalidad, reconozco que incluso a mi me gustan.
A veces, me quedo pensando tanto en lo poco que me gustan algunos aspectos de mi día a día, de mis rutinas, que me quedo unos 15 minutos embobado en un estado entre el sueño y la vigilia en el que suelo pensar en ello. No me enparanio, pero sí que me replanteo muchas cosas.
Para concluir podríamos decir que la rutina no es ni buena ni mala, es necesaria, pero el hecho de que guste o no es cuando te la cambian.
A la Sombra del Manzano
A la Sombra del Manzano es un blog que surge con la necesidad de crear un lugar en el que publicar mis escritos más íntimos o personales. No es que me guste separarlo o clasificarlo todo por secciones, que también, pero a veces este tipo de cosas que a uno le salen de dentro no se suelen querer mezclar con las demás por guardar un pequeño "espacio" exclusivo para estas cosas.
No quiero escribir nada más como presentación, pues creo que ya está todo dicho. Veremos a ver que sale de todo esto.
No quiero escribir nada más como presentación, pues creo que ya está todo dicho. Veremos a ver que sale de todo esto.
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