Últimamente he estado pensado en el suicidio. No sé por qué, pero me atrae de una forma inusitada que no entiendo de ninguna manera pero es así, me siento atraído por esa idea del autoasesinamiento. No digo que quiera suicidarme, no tengo la necesidad de hacerlo, me gusta mi vida y no podría renuncia a ella, a parte del miedo que le tengo a la muerte. No temo a morir, que es bien distinto, sino que temo a la propia muerte, al qué habrá después, temo al desconocimiento, a un desconocimiento tan grande como es el no saber que ocurrirá después de que nuestros cuerpos mueran. ¿Vamos a algún tipo de cielo o infierno como dicen muchas religiones? ¿Nos reencarnamos? ¿Nos desprendemos de nuestros cuerpos y vagamos por el mundo de las almas? ¿Realmente existe el alma? Son preguntas que me hago a menudo porque yo no sé si al morir estas cuestiones me serán resueltas o si simplemente dejaremos de existir, en cuyo caso me quedaré sin saber la verdad de la existencia o la verdad de mi existencia. No sabré siquiera que he dejado de existir.
Es por eso que me atrae la idea del suicidio, porque es el camino más corto hacia el campo menos conocido de la humanidad, y eso me inspira, de algún modo.
De todos modos, si algún día tuviese que suicidarme, lo haría cortándome las venas aunque, conociéndome, no creo que tenga valor para hacerlo. No solo por mi miedo a la muerte, sino por otro de mis miedos, el temor al dolor. No soy excesivamente sensible al dolor, solo tengo un poco de miedo. Pero me encantaría poder cortarme las venas y sentir la sangre salir de ellas poco a poco, llevándose con ella todas mis preocupaciones, todos mis problemas y todas mi responsabilidades. Me encantaría experimentar esa sensación de bien estar, una experiencia cercana a a la muerte tal vez pero sin morir, calro.
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