jueves, 24 de febrero de 2011

La rutina de la rutina

Cada día al despertar me paro a pensar "vaya, otra vez levantándome temprano". Siempre lo pienso y siempre, al cabo de unos segundos intento apartar ese pensamiento de mi mente, pues me deprime bastante. En realidad a todos nos deprime, de una forma u otra, la rutina del día a día, levantarse temprano, vestirse lentamente, asearse con pesadez en el cuerpo y en el alma, desayunar escuetamente (para el que desayune) y salir rápidamente para el trabajo o centro de estudios. A mi lo que más me deprime de todo esto es que mi vida ha  sido siempre muy contemplativa, muy lenta y pausada, sin altibajos ni contratiempos, sin grandes cambios. El problema viene ahora, cuando las viejas rutinas van desapareciendo poco a poco, cuando lo único que quería era volver a una rutina que echaba de menos pero que al final se ha tornado en una espiral de inciertos pasos ,no en una oscuridad abrumadora sino, en una luz cegadora.
Lo cierto es que en el fondo a todos nos gustan las rutinas. Las malas no, obviamente, pero aunque sea una rutina que no se salga mucho de la normalidad, reconozco que incluso a mi me gustan.
A veces, me quedo pensando tanto en lo poco que me gustan algunos aspectos de mi día a día, de mis rutinas, que me quedo unos 15 minutos embobado en un estado entre el sueño y la vigilia en el que suelo pensar en ello. No me enparanio, pero sí que me replanteo muchas cosas.

Para concluir podríamos decir que la rutina no es ni buena ni mala, es necesaria, pero el hecho de que guste o no es cuando te la cambian.

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